28 de mayo de 2020

Parte II: Atenas, el más ganador

En la primera entrega de “Atenas, el más ganador” repasamos los primeros seis títulos del Griego. Ahora nos adentramos en las temporadas 2001-02, 2002-03 y 2008-09 para completar su reinado de nueve campeonatos y mantenerse como el equipo más ganador en la historia de La Liga Nacional.

Por Noelia Ortmann

Año 2001. Temporada especial porque en ella se retiraría el jugador ícono, que marcó la historia de Atenas, Marcelo Milanesio. Una temporada recordada, también, por la crisis económica que atravesaba el país, una de las razones que llevó al corte de extranjeros en el equipo. El rival del Griego en la final sería Estudiantes de Olavarría. El equipo cordobés buscaría revancha del 99-00. “Veníamos mal. No encontrábamos el ritmo ni la onda del juego”, recuerda Leo Gutiérrez“Todo lo que sucedió en el 2001, el corralito, a nosotros nos benefició, nos quedamos con un equipo mucho más corto. Terminamos jugando la final con Estudiantes. Ganamos el quinto en casa que fue la despedida de Marcelo (Milanesio). La verdad fue lo que necesitaba Marcelo para retirarse, me llena de orgullo haber estado en ese equipo”, sostiene una de las figuras de aquel plantel campeón.

El primer choque de aquella serie fue para conjunto cordobés (88-82). El segundo y el tercero también (104-83 y 91 a 87). El Bata ganó el cuarto por 96 a 90 y finalmente el quinto quedó en manos de Atenas por  87 a 81. Milanesio tuvo la despedida que se merecía. Ganó su séptimo título en La Liga, con la única camiseta que vistió en su carrera, la “9”. 

“Cuando el equipo quedó sin los dos extranjeros dio un salto de calidad tremendo. Todos encontraron más minutos y más trascendencia en lo que sabían hacer y así el equipo se fortaleció. Si yo hubiera dirigido desde la platea hubiéramos ganado igual, porque el equipo ya era un equipo. Cada uno sabía que tipo de sociedad tenía con cada compañero de juego y sabían cómo y dónde aplicarla y además ejecutaban casi de memoria lo que habíamos entrenado durante todo el año. Yo estaba muy confiando en mi equipo”. “Ganamos con autoridad”, detalla su entrenador Horacio Seguí

“Marcelo fue un poema en ese último año y en ese quinto juego más aún. Fue más importante la despedida del ídolo que el torneo que ganamos, la gente lo despidió con un desbordante cariño y un reconocimiento que emocionaba hasta erizarte. Fue glorioso dirigirlo”, la frase con la que Seguí lo recuerda a Milanesio. 

El DT rememora una anécdota que tiene grabada de ese campeonato: “Eubanks tenía la costumbre de rezar en el vestuario antes de salir al campo de juego. Todo el equipo siempre fue respetuoso de eso. Esperábamos que el terminara y salíamos. Bruno, si mal no recuerdo, un día dijo: “Por qué no nos unimos en un abrazo todos y que él diga su plegaria  en inglés y después todos decimos Amén” y eso hicimos. Comenzamos a hacerlo, y lo seguimos haciendo después de que Eubanks dejó el equipo. La oración estaba a cargo en forma rotativa dentro del plantel de jugadores, se agradecía por estar allí y tras el Amén nos saludábamos e ingresábamos al campo de juego, cuando terminábamos volvíamos a cerrar con oración. De alguna manera graficaba un resumen de lo que habíamos crecido como grupo de juego, porque lo hacíamos ganáramos o perdiéramos. Un gran plantel, un mejor equipo”. 

Atenas volvería a quedarse con el título en la 2002-03. Esta vez remontando un 2-0 en la serie final.  Perdería los dos primeros juegos ante Boca (81 a 78 y 85 a 66) y ganaría los otros cuatro (92 a 87, 100 a 92, 80 a 78 y 99 a 89). En este campeonato Bruno Lábaque se consagraría como el sucesor de Marcelo en la conducción del equipo y le daría un título más a Pichi Campana. 

“El equipo siempre estuvo unido, con un compromiso enorme. Conocíamos nuestras limitaciones y sabíamos ejecutar el rol que cada uno tenía. Realmente ese fue el mejor año de mi carrera en todo sentido. Era un desafío y una responsabilidad enorme representar al club, luego del retiro del gran emblema del básquet cordobés, Marcelo Milanesio. A la vez tuvimos la suerte de tener en el equipo al otro emblema, Pichi Campana, que nos la hacía mucho más fácil a todos. Comenzamos con altibajos, no lograbamos tener regularidad durante la temporada, llegamos a estar en la décimo primera colocación en la tabla, hasta que la llegada de Oscar Huevo Sánchez logró potenciarnos. Empezamos a obtener victorias que nos colocarían en la segunda colocación de cara a los playoffs. Ese fue el momento donde creímos que podíamos ser campeones, teníamos la confianza y la dinámica necesaria para imaginarlo. Hasta que llegó la final con Boca, ellos tenían la ventaja de localía y habían realizado una serie regular con unos playoffs excelentes. Fue una serie muy igualada y para el infarto. Arrancamos perdiendo la serie 2-0 igualmente teníamos la convicción de que podíamos dar pelea, logramos igualarla en Córdoba y llegamos a un quinto juego donde sabíamos que ganarlo nos daría la posibilidad de cerrar la serie de local. Así fue que a falta de pocos segundos el gran Pichi Campana mete un doble de penetración para ganar el juego y ponernos 2-3. El 6to. juego fue el más parejo de todos, electrizante. Se jugaron 2 tiempos suplementarios con posibilidades para los dos equipos de ganarlo, por suerte fue para nosotros y pudimos consagrarnos campeones. Para mí es una de las series finales más apasionantes de la historia de La Liga Nacional, por la paridad de los equipos y por el desarrollo emocionante que tuvo”. Las palabras son de Diego Lo Grippo, elegido el MVP de las finales. 

“Párrafo aparte para Pichi Campana. Recuerdo siempre lo que me dijo el día que ganamos la final: “Huevo, si había séptimo no podía subir la escalinata del avión…”. Y sabés Pichi te llevaba a caballito yo, porque vos me diste la posibilidad de saber lo que es dirigir jugadores diferentes”, palabras del Huevo Sánchez. 

“Fuimos a Boca y perdimos los dos juegos, recuerdo en la conferencia algo que me incentivó al escuchar a Gabini: “Si no nos ganaron hoy, no nos ganan más…” Me encantó esa frase… ¡Luego ganamos 4! Otro dato importante fue que al llegar al aeropuerto, Eder Baralle y Bruno, me preguntaron la hora que entrenábamos. Mi respuesta fue contundente: ¡no hay práctica! Ahí saltaron los dos diciendo ¿cómo si vamos 0-2? Y bueno si quieren vayan ustedes, yo no voy. Fue así que llegaron los juegos en Córdoba y nos pusimos 2-2 con un juego defensivo que apuntaba siempre atacar el traslado en todo el campo con el objetivo que no llegue limpio el balón adentro a Leiva y Gabini en posteo, y lógicamente negar salidas a tres puntos de Guaita y Manteca Prego. Fuimos a Bs. As. y la zonita nos dio muchísimos resultados y en forma insólita nos pusimos 3-2. Nuevamente en Córdoba, ya con un clima como nunca vi, y en doble suplementario ganamos una final memorable por 99-89 (tras empatar en 73 y 80). Tuve esos gladiadores que fueron increíbles con un abanderado como Bruno Lábaque valiente y ofensivo, más un 4 como los de antes en Lo Grippo, quien fue el iniciador de esa ofensiva que nos dio tanto rédito. Mati Lescano un jugador clave en mi sistema, más Quincy, Zeque Dentis y el resto que rindieron siempre. Tampoco olvidar a Mario Milanesio (que de loco no tiene nada) quien me ayudó muchísimo en ver con claridad y convivir en el mundo Atenas”, el recuerdo de su entrenador Huevo Sánchez

En la temporada 2008-09, Atenas lograría su novena corona en La Liga Nacional, de la mano de un viejo conocido, Rubén Magnano, quien volvería a tomar las riendas del equipo. “Mi vuelta fue particular porque venía de mi paso por Europa. Una situación especial en Atenas porque venían con algunos años sin poder disputar el título. La dirigencia puso casi un cien por cien en mis manos el armando del equipo. Yo tomé ese desafío y todas las responsabilidades que implicaba. Tuvimos un mano a mano con cada uno de los integrantes de la plantilla, diciéndoles cuáles eran mis intenciones, el método de trabajo, a donde apuntábamos. Leo era el referente que teníamos, secundando por Bruno. Ellos iban a llevar un poco las riendas del equipo. Creo que fue un equipo muy batallador, jugamos de una manera muy agresiva. Nos coronamos en la cancha de Peñarol”, son las palabras del entrenador al rememorar aquel título, el último que lograría el Griego hasta la actualidad.

La serie se la llevaría ante Peñarol por 4 a 2. El primer encuentro lo ganaría por 69 a 61. Perdería el segundo 85 a 75. Ganaría el tercero 76 a 74. Caería en el cuarto por 77 a 68 y finalmente se llevaría los dos últimos por 79 a 76 y 91 a 83. “Temporada dura, con un tremendo entrenador. Jugábamos bien, éramos muy agresivos en defensa. Fue una serie complicada con Peñarol. Fue una final dura y pareja. De los últimos tiempos la mejor final que se ha visto por los dos estadios en los que se ha jugado y por los equipos, eran los dos muy parejos”, sostiene Leo Gutiérrez.

No podía faltar la palabra de otro de los emblemas de Atenas, Bruno Lábaque: “La temporada 2008-2009 fue una temporada hermosa, donde el comandante en jefe era Rubén Magnano, trabajamos muchísimo durante el año para tener los frutos en una final que quedará para la historia por los escenarios donde se jugó la final, que fueron el Orfeo y el Polideportivo de Mar del Plata. Contra un Peñarol que tenía un equipazo, fueron partidos muy chivos, donde tuvimos la fortuna de terminar la serie en Mar del Plata. En mi caso, especial, porque sabía que después de esa final me alejaba por un tiempo de Atenas para priorizar la familia e irme a jugar a Bs. As.”. 

Con este último torneo, Atenas se consagra, con nueve títulos, como el equipo más ganador de La Liga Nacional hasta la actualidad. 

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