EL ESPÍA QUE ME FICHO

Para las leyendas del baloncesto Diana Taurasi y Sue Bird, el baloncesto ruso ha sido una gran manera de ganarse la vida y asegurar el futuro de sus familias. Mientras que en Estados Unidos el baloncesto femenino estaba marcado por una precariedad contra la que aún hoy en día están luchando, en Rusia eran tratadas como estrellas, con regalos, conciertos privados y hoteles de lujo. Pero, en el caso de Taurasi y Bird, había un fondo oscuro, como contaron en uno de los últimos podcasts de 30for30 de ESPN: así es como fue para ellas jugar para un ex espía de la KGB. 

Para cuando Diana Taurasi y Sue Bird terminaron su andadura en la Universidad de Connecticut ya eran prácticamente consideradas leyendas, habiendo logrado cuatro campeonatos en cinco años. Pero la competición profesional en Estados Unidos no daba muchas seguridades, y se vieron obligadas a hacer lo mismo que muchas jugadoras estadounidenses: jugar en invierno en Europa para poder ganarse la vida de verdad.

Tras dos malas experiencias en Rusia parecía que Diana Taurasi y Sue Bird no volverían a jugar en Rusia, pero hubo alguien que hizo cambiar de opinión a las jugadoras: un hombre llamado Shabtai Kalmanovich, un millonario co-propietario del Spartak de Moscú, quien quería fichar a ambas para su equipo y prometió que recibirían un trato con el que ni habían soñado antes.

Y así fue. En el podcast, Diana Taurasi y Sue Bird relatan cómo era jugar para él. Las trataba como a sus hijas, eran invitadas continuamente a su despacho a charlar sobre el equipo, les puso coches con conductor privado para ellas, contaron con vuelos privados cuando lo necesitaron… eran tratadas como auténticas súper estrellas, y cobraban como tal, con sueldos cada una que variaban entre los 400.000€ y el millón de euros anual dependiendo de diferentes bonus.

Sue Bird: «Todo era literalmente de primera clase. Nos alojábamos en los mejores hoteles. Si íbamos a Paris, por ejemplo, nos alojábamos en el hotel más lujoso de Paris». 

Diana Taurasi: «Y un día nos dice, ok, vosotras dos vais a vivir aquí en esta mini-mansión». 

Sue Bird: «De verdad, era enorme. Una piscina, una sauna… y nosotras como… ¡pues vale!». 

Diana Taurasi: «Eso era lo bonito sobre Shabtai, cuando le pedías algo, literalmente se había solucionado para el día siguiente». 

Sue Bird: «No sé dónde estábamos que, de repente, alguien llama a la puerta. Y todas recibimos una cesta enorme de fresas con una pinta tremenda, fresas frescas vete tú a saber de dónde». 

Todo era lujoso fuera de la pista, y también iba de lujo dentro con Diana Taurasi y Sue Bird liderando al Spartak a las cotas más altas de Europa. Pero repentinamente llegó a su final.

Ambas jugadoras explican que habían oído historias aquí y allí, que habían leído también algo por su cuenta, sobre aquel amable millonario que las trataba tan bien. Pero la realidad llegó como un duro golpe, de repente. Un día, mientras iba hacia el Kremlin, Shabtai Kalmanovich fue asesinado a disparos dentro de su coche.

En el podcast ambas relatan con emoción cómo lo vivieron… y cómo entonces se enteraron de verdad de quién era aquel hombre. Un ex espía del KGB que trabajó en los 70 y los 80 especialmente en Israel, que se hizo millonario aprovechando sus influencias y la mano de obra barata de Sudáfrica y el tráfico de diamantes en Sierra Leona, donde también vivió unos años.

Al funeral acudieron desde estrellas del pop, hasta políticos o reconocidos mafiosos.

«Estábamos en el funeral, aún con el impacto, y me acerco y le digo a una de mis compañeras rusas que quién podía haber hecho algo así», recuerda Taurasi. «Y ella simplemente me dijo que la persona que lo había matado probablemente estaría allí en ese momento. Y luego pasó a otra conversación, como si nada». 

Como se suele decir, a veces la realidad supera a la ficción.

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